Eva / 17 julio 2020

Recorriendo la frontera entre Salamanca y Portugal en coche

Quizás es hora de plantearse una ruta en coche por la frontera con nuestro país vecino y descubrir algunos de los tesoros arqueológicos que guarda aún este área. Es una ruta surcada por poderosas fortalezas, ciudadelas amuralladas y numerosas atalayas. Portugal se independizó de España en 1640, por lo que se abrieron nuevos periodos de tensión y desconfianza entre ambos países, ya que el país luso temía de una inminente invasión española para volver a unir la Península.

Ruta de las fortificaciones

Entre el occidente de Salamanca y el oriente luso de Guarda se funden las llanuras de ambos países. Cerca de los afluentes del Duero, como el Turones, el Águeda o el Côa, puedes contemplar los nexos que unen estas zonas con la prehistoria, a través de los animales dibujados en la roca. Pero también es una gran oportunidad para apreciar el patrimonio y los bienes culturales de la antigua frontera.

Te recomendamos una escapada de tres días para contemplar las fortificaciones. Centra tu base en el Fuerte de la Concepción, ubicado en Aldea del Obispo en Salamanca, para comenzar este recorrido e ir ambientándote en la época. Es el único hotel dentro de una fortificación de tipo Vauban que encontrarás en esta zona.

Ruta en coche por la frontera entre Salamanca y Portugal

Desde aquí se puede divisar sobre una colina la aldea portuguesa de Vale da Mula, donde se encuentra el Fuerte de la Concepción, una de las fortificaciones militares más impresionantes que data de 1663. Tiene forma de ocho puntas y se construyó con la intención de que fuera inexpugnable para hacer frente al Fuerte de Almeida, ubicado a 10 kilómetros en el lado portugués. Durante las Guerras Napoleónicas esta zona se convirtió en un campo de batalla.

Parte de esta fortificación quedó destruida y los lugareños la utilizaban de cantera o para guardar ganado. Su patio albergó festejos y en los túneles y fosos los niños jugaban a la guerra. En 2006 se inició su restauración para convertirlo en un hotel respetando el aspecto histórico del edificio. En la actualidad es un lugar de hospedaje en torno al patio de armas y un lugar importante dentro de la ruta de las fortificaciones de la frontera.

Castelo Mendo, una atractiva aldea medieval

Antes de ir a Almeida, te recomendamos que recorras 20 km para visitar una aldea medieval en Portugal, Castelo Mendo. Las murallas no tienen nada que ver con el modelo Vauban, de hecho son mucho más antiguas y datan del siglo XIII. El castillo ya no existe en la cima, aunque sí parte de las ruinas de su iglesia, y puedes entrar a la aldea por una de sus cinco puertas. Merece la pena cruzar la Porta da Vila, que está flanqueada por dos vetones y contemplar las construcciones de estilo manuelino.

Además, esta aldea es parte de otra ruta que está recobrando mayor importancia, la denominada Aldeias Históricas de Portugal. Dicha ruta está formada por los municipios de Almeida, Belmonte, Castelo Mendo, Castelo Novo, Castelo Rodrigo, Idanha-a-Velha, Linhares da Beira, Marialva, Monsanto, Piódão, Sortelha y Trancoso. De todas ellas, Almeida, Castelo Mendo y Castelo Rodrigo son las más cercanas a la frontera con Salamanca.

Almeida, una estrella de doce puntas

Continuando con la ruta, la siguiente aldea es Almeida. Desde el cielo, esta población forma una estrella de doce puntas. Su construcción abaluartada data de 1640 y está considerada como una de las mejores fortificaciones de la frontera. Hasta el siglo XVIII experimentó diferentes mejoras y se construyeron diversas garitas. 

La mejor fecha para visitarlo es a finales de agosto, ya que durante el último fin de semana se recrea la aldea durante la invasión francesa. En esta recreación participa muchísima gente vestida con ropa de la época e incluso hay un mercado ochocentista y desfiles militares, así como distintas actividades culturales. De hecho, es una de las mejores representaciones históricas de Portugal.

Otras aldeas a explorar

Tras Almeida es hora de subir al coche y visitar Castelo Rodrigo. Esta población es cuna de numerosos personajes históricos como João de Gouveia, abuelo de Pedro Alvares Cabral descubridor de Brasil, o Cristóbal de Moura, virrey de Portugal durante la unión con España. Aún se pueden ver las ruinas de su palacio ubicado en la zona más alta de la localidad. No olvides pasar por el arco de su antigua puerta de poniente para acceder al casco viejo amurallado.

Desde aquí tienes dos opciones: desplazarte 27 km a Barca d’Alva para ver la desembocadura del Duero, o ir 35 km por una carretera repleta de curvas para llegar a Pinhel. En esta última puedes visitar su casco histórico, su castillo y sus casas solariegas, testigos de su riqueza histórica.

Sigue rumbo a la comarca salmantina de Vitigudino, junto al Parque Natural de las Arribes del Duero se levanta otra de las poblaciones fortificadas, San Felices de los Gallegos. Esta localidad ha sido portuguesa en varias ocasiones, prueba de ello es que su castillo fue mandado construir por un rey portugués.

Durante siglos fue punto de discusión sobre el trazado de fronteras. Para llegar a San Felices te recomendamos hacerlo desde la Aldea del Obispo y subir por las Arribes del Duero, se tarda un poco más, pero tiene menos curvas.

Fin de la ruta entre palacios renacentistas

Para terminar con esta ruta te recomendamos también visitar la zona arqueológica de Siega Verde. Está a quince minutos del Fuerte de la Concepción, y es considerada la mejor muestra de arte rupestre paleolítico al aire libre. De hecho, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2010.

Por último, una de las ciudades fortificadas más importantes es Ciudad Rodrigo, una población medieval que pasó a poseer uno de los mejores sistemas de fortificación. Por ella han pasado todo tipo de conquistadores: vetones, romanos, visigodos, musulmanes e incluso conquistadores y gobernantes de América. Esta es la explicación de la cantidad de palacios renacentistas tras su foso y gruesa muralla.

Cerca de aquí se pueden visitar otros lugares de Salamanca como el Meandro del Melero, Las Hurdes, donde Buñuel grabó en 1933 “Tierra sin pan”, La Alberca y Peña Francia, donde hacen turrón del tamaño de un ladrillo y que hay que partir con martillo… Pero eso será ya para otra ocasión.

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