Laura / 12 mayo 2020

Radares de ruido, el fin de la contaminación acústica

Los radares de ruido consisten en una tecnología desarrollada para controlar, como lo sugiere su nombre, las emisiones ruidosas de los vehículos en circulación.

La contaminación acústica representa uno de los problemas más graves de las grandes ciudades. Definida como el exceso de sonido capaz de alterar las condiciones ambientales de un espacio determinado, este tipo de contaminación puede causar mucho daño a la salud de las personas.

La mayoría de las ciudades contemporáneas se encuentran sobresaturadas de tráfico, industrias, aviones, actividades de construcción y un sinfín de lugares de donde emanan los ruidos más diversos. 

Una de las principales causas de la contaminación acústica es el tráfico en carretera, aunque el límite considerado normal es de 55 decibelios (dBA), 1 de cada 5 personas está sometida diariamente a niveles de ruido superiores a 65 decibelios.

Por esta razón, los gobiernos toman medidas para controlar este tipo de contaminación, capaz de provocar afecciones fisiológicas o psicológicas a los ciudadanos. En Madrid, por ejemplo, la ley estipula que un coche no puede emitir ruido por encima de los 87 decibelios. También se prohíbe circular con escape libre, resonadores o silenciadores averiados. 

El propietario es responsable de mantener su vehículo en buen estado, de modo que los ruidos que emita no superen en más de 4 dBA el nivel estipulado en la ficha técnica del automóvil. Controlar la contaminación sónica es la razón por la cual se han desarrollado los radares de ruido.

Qué son los radares de ruido

¿Cómo funcionan los radares de ruido?

Los radares de ruido están equipados con un sonómetro que mide el nivel de decibelios cada décima de segundo. Cuentan además con una cámara de 360º, que se activa cada vez que detecta un vehículo que supera los niveles de ruido establecidos, y muestra la imagen de una estela acústica con hexágonos de colores. Estos niveles van de los 50 a los 75 dBA, en función de la hora, la zona y la legislación del lugar.

El objetivo de su implementación es poder identificar, sancionar y sacar de circulación a los vehículos considerados más ruidosos, ya sea por problemas mecánicos o por dispositivos instalados en el automóvil, como resonadores.

El desarrollo de estos radares de ruido es técnicamente viable y no son particularmente caros. La mayor dificultad es poder determinar a distancia la fuente exacta del ruido, pero se está trabajando en esta mejora.

¿En qué países se utilizan radares de ruido?

Los primeros dispositivos fueron desarrollados en 2016 por la empresa Bruitparif, en París. Cerca de allí, en la pequeña localidad de Villenueve-le-Roi, de solo 20.000 habitantes, se instaló el primer radar de ruido.

En Emiratos Árabes Unidos, también en 2016, se implementó un sistema de radares de ruido para multar a los coches y motos más ruidosos. Por su parte, en Edmonton, Canadá, el ayuntamiento los instaló en 2019 con la finalidad de reducir los niveles de contaminación acústica en la ciudad.

En Suiza también se están probando estos sistemas desde hace algunos años. Específicamente en la ciudad de Ginebra, el gobierno consideró la necesidad de medir y documentar el ruido de los coches, debido al elevado nivel de contaminación sónica de la ciudad. Se considera que este es el segundo mayor impacto sobre el medio ambiente, después de la contaminación atmosférica.

Estos sistemas de control permiten medir y documentar el ruido de los vehículos, así como multar a quienes transgredan los límites establecidos. Se prevé su implementación en otras ciudades en los próximos años.

Los radares en España

En España existen sanciones por superar los niveles de ruido establecidos, ya sea por el uso de resonadores, por tocar el claxon de manera indebida o por conducir con la música a todo volumen. En el caso del claxon, este solo puede tocarse para advertir al peatón de algún peligro, cuando se va a adelantar a otro vehículo como señal adicional a los intermitentes o cuando se trata de una emergencia médica. 

También se sanciona a quien acelere su vehículo injustificadamente o a los propietarios de coches con alarmas defectuosas. Digamos que se intenta controlar la contaminación acústica mediante recursos indirectos, pero es innegable que se están dando pasos para controlar la contaminación acústica.

El ejemplo más representativo de estos avances en España, es el radar de velocidad instalado en la autovía C-31 en su paso por Badalona, Barcelona. El objetivo de la instalación de este radar no es el de reducir la accidentalidad, como en el caso de la mayoría de los radares, si no en reducir el exceso de ruido que sufren los vecinos de la zona.

Para que los radares de ruido puedan ser utilizados en todo el territorio español, tendría que haber primero una legislación que establezca el nivel de decibelios sancionable, así como el importe de la sanción. La DGT no instalará radares de ruido por ahora, de momento analiza los resultados de estos dispositivos en otros países.

Los radares de ruido constituyen un mecanismo eficaz para controlar las emisiones de ruido de los vehículos. En la actualidad, la contaminación acústica es responsable de muchos problemas de salud en la población, pero la avanzada tecnología de estos dispositivos permitirá disminuirla, solo hay que esperar.

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