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Palanca de cambios

La palanca de cambios de un coche es un elemento utilizado para engranar o desengranar las relaciones correspondientes de la caja de cambios. Es el dispositivo que se utiliza para cambiar de marcha en los vehículos con caja de cambios manual y algunos con caja de cambios automática. Esta acción se hace normalmente mientras se pisa el pedal del embrague para liberar el motor de la transmisión.

Está situado en el suelo del vehículo entre el conductor y el acompañante, aunque algunas veces se puede localizar en la columna de dirección. De todos los mandos del vehículo, es el que más modificaciones ha sufrido a lo largo de la historia del automóvil. 

Origen y evolución de la palanca de cambios

Durante los primeros años, al no existir un código común entre fabricantes, la palanca estaba situada por la marca en la posición que cada una creía más conveniente, llegando incluso a no tener en cuenta la maniobrabilidad. La primera unificación de criterios llegó con la colocación de la palanca de cambios en el lateral exterior, solución que, además de dejar libre el habitáculo, permitía alojar los reenvíos y las barras de mando fuera de la carrocería. Este tipo de mandos se caracterizaban porque llevaban palancas de tipo motocicleta, que podían ser bloqueadas por un tope en cualquier posición. La introducción de las marchas se realizaba por medio de un desplazamiento hacia delante y hacia atrás, y sólo, muy raramente, la palanca de cambio podía desplazarse hacia un lado.

La búsqueda de métodos más prácticos condujo a soluciones curiosas como la del Lóon Bollóe de 1896, en el cual en una sola palanca estaban reunidos los mandos del cambio, del embrague y del freno. El abandono del cambio de engranajes epicicloidales para pasar al tipo de engranajes desplazables impuso unas condiciones de accionamiento bastante diferentes e hizo necesario que se adoptase un mando directo. Se trataba de una palanca larga que salía directamente de la caja de cambios, que generalmente sobresalía hacia el habitáculo y que, como consecuencia, quedaba en el centro, independientemente de la posición de conducción.

Años más tarde, en la década de los años 30, aparecieron los primeros ejemplos de palanca de cambios situada en el volante para dejar libre el suelo y permitir que se pudieran sentar tres personas en los asientos delanteros. Esta solución se mantuvo hasta los años 50 incluso en los modelos más pequeños y/o deportivos porque la posición de conducción era más adecuada. 

En los coches modernos, la palanca se ha vuelto a situar en posición central, sobre todo por las exigencias derivadas de las mejores prestaciones y por el estilo de conducción deportiva que ha marcado una orientación decisiva en el gusto de los usuarios.

La palanca de cambios de cambio manual, a pesar de sus diferentes colocaciones, ha conservado en todo momento su típico aspecto, de ahí que siempre se la haya denominado “palanca”. Sin embargo, en el caso de cambios automáticos, el selector de marchas se ha prestado a las más diversas y variadas modificaciones hasta llegar a ser eliminado y sustituido por botones.

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