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Freno carbocerámico

Los frenos carbocerámicos son los frenos que muchas marcas están utilizando en sus vehículos de alta gama. Como su propio nombre indica, estos frenos están fabricados con un composite cerámico, que tiene adherencia y se pega a las fibras de carbono, lo que hace que sea más resistente.

El carburo de silicio se encarga de aportar rigidez y evitar así, posibles fracturas debido al alto nivel de fricción que soporta e incrementar así su resistencia a las altas temperaturas.

Origen del freno carbocerámico

El origen de la aplicación de estos frenos comenzó hace años en industrias como la aeronáutica y la ferroviaria. Como anécdota, el mítico  Concorde utilizaba este tipo de frenos carbocerámicos. El proceso de fabricación dura aproximadamente algo más de una semana porque hay que esperar a que los discos se adapten a la formación y endurecimiento, soportando altas temperaturas.

En la década de los 80 del pasado siglo XX, esta tecnología ya se empezó a utilizar en Fórmula 1. Más tarde, en el cambio de siglo, esta misma tecnología se implantó en otro tipo de vehículos. El primero en incorporar los frenos cerámicos de carbono fue el Porsche 911 GT2.

Este incorporaba los frenos Porsche Ceramic Composite Brakes (PCCB), desarrollados junto con SGL Carbon. Esta última era una empresa puntera que más tarde formaría una joint venture con Brembo (BSSCB), que hoy en día es un referente en este tipo de frenos.

Los frenos de Porsche incorporaban además dos capas cerámicas en la superficie del disco y en la pastilla con el fin de reducir el desgaste. Esta a su vez es la principal diferencia de otro tipo de frenos cerámicos que salieron después en el mercado en 2002 de la mano de Ferrari Enzo.

Este último tenía una fabricación más tradicional y sin esas capas extra de cerámica. Desde entonces esta tecnología se fue incorporando a vehículos de altas prestaciones.

Ventajas de los frenos carbocerámicos

  • Menor peso: el freno de disco carbocerámico pesa la mitad que los tradicionales fabricados en hierro. Este peso ligero de él es clave en los coches de alta gama y los coches deportivos.
  • Mayor durabilidad: expertos afirman que este tipo de frenos pueden tener una vida de alrededor de 300.000 km, aunque esta cifra puede variar en función del uso que se les dé.
  • Mayor eficacia: este tipo de frenos ayuda a reducir las distancias de frenado.
  • Más resistentes: aguantan altas temperaturas sin que el disco se deforme, pueden aguantar hasta 1.300 grados.
  • Otras mejoras: disminuye la emisión de polvos finos en un 90%, así como se reduce el ruido y las vibraciones.

Inconvenientes del freno carbocerámico

  • No para todos los vehículos: no es aconsejable instalarlos en vehículos comunes y en los que se va a realizar frenadas normales.
  • No son muy útiles en temperaturas bajas: funcionan mejor a altas temperaturas, es decir, cuando se utiliza mucho el freno, y son ideales para una competición. En temperaturas frías de acciones ordinarias son mucho menos eficaces que unos frenos tradicionales de hierro.
  • Son más caros: este incremento se produce porque el proceso de fabricación es más complejo y, por tanto, su coste es mayor. Como consecuencia, este tipo de frenos está disponible para pocos bolsillos. Por lo general, los vehículos de alta gama equipados con estos frenos suelen tener un precio superior a los 200.000 euros.

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